Líneas de código de colores en un monitor, desenfocadas en primer plano

Es la primera decisión de cualquier proyecto web y la que más se toma por motivos equivocados: por precio, por prisa o porque «a mi cuñado le va bien con WordPress». Vamos a intentar explicarla sin vender nada, porque nosotros hacemos las dos cosas y hemos visto fallar las dos.

Qué es cada cosa

Una web con plantilla parte de un diseño ya hecho (comprado o gratuito) sobre una plataforma de uso general, normalmente WordPress, y se adapta: colores, textos, fotos, algún módulo. Una web a medida se diseña y se programa para ese negocio: la estructura, las pantallas y lo que hace cada una se deciden desde cero, aunque se apoye en una plataforma (nosotros usamos la nuestra, con la que construimos todas las webs y tiendas que hacemos).

Entre las dos hay un terreno intermedio enorme, y ahí es donde está casi siempre la respuesta correcta.

Cuándo la plantilla es la buena decisión

  • Cuando lo que necesitas es lo que todo el mundo necesita. Una web de presentación con cinco páginas, un blog, un formulario de contacto. Para eso las plantillas están muy rodadas y no hay motivo para reinventarlas.
  • Cuando hay que salir ya. Una apertura en tres semanas, un evento, una campaña con fecha. La plantilla permite tener algo decente en días.
  • Cuando el presupuesto es el que es. Mejor una plantilla bien montada, con buenos textos y buenas fotos, que una web a medida a medio hacer.
  • Cuando vas a cambiarla pronto. Si el negocio está empezando y no sabes todavía qué vas a necesitar, no inviertas en construir lo que quizá no uses.

Cuándo deja de servir

Una plantilla empieza a doler en tres situaciones, y conviene reconocerlas antes de llegar a ellas.

Cuando el negocio no encaja en el molde. Una tienda con tallas y colores por producto, una casa rural con calendario de reservas, un centro de formación con cursos y alumnos, un despacho con área privada para clientes. Se puede hacer con plantilla y módulos, pero cada módulo es de un fabricante distinto, con su actualización, su licencia y su forma de romperse. A partir de cierto número, mantener la web es más caro que haberla hecho a medida.

Cuando la velocidad importa. Una plantilla comprada trae todo lo que pueda necesitar cualquiera de sus compradores: veinte tipos de carrusel, animaciones, librerías para cosas que tu web no usa. Lo carga todo, siempre. Se puede podar, pero la poda es trabajo a medida sobre un terreno que no conoces.

Cuando quien la mantiene no programa. Parece contradictorio, pero una plantilla con quince módulos tiene quince paneles distintos, cada uno con su lógica. Un panel hecho para ese negocio tiene las tres pantallas que ese negocio usa, con los nombres que usa el que lo lleva. Es la diferencia entre «llama al informático para subir un producto» y subirlo.

Lo que decide de verdad: quién va a vivir con la web

Una web la mira un visitante treinta segundos y la usa su dueño durante años. Por eso la pregunta que hacemos antes de recomendar nada no es «¿qué quieres que tenga?» sino «¿quién va a actualizarla, cada cuánto y con qué tiempo?». Si la respuesta es «nadie, se quedará como está», una plantilla bien hecha es perfecta. Si la respuesta es «yo, cada semana, entre cliente y cliente», la web tiene que estar hecha para esa persona, y ahí es donde el diseño a medida se paga solo.

Tres preguntas para decidir

  1. ¿Hay algo en mi negocio que una web «normal» no hace? (Reservas, variantes, área privada, cálculo de precios, integración con un programa que ya uso.)
  2. ¿Quién la va a mantener y cuánto quiero que dependa de un técnico?
  3. ¿Dónde quiero que esté el negocio dentro de tres años, y la web que elijo hoy llega hasta allí?

Si las tres respuestas apuntan a lo sencillo, te lo diremos: plantilla, y a otra cosa. Si alguna apunta a lo contrario, hablamos de hacerla a medida, y también te diremos cuánto cuesta mantenerla, que es la cifra que casi nadie pregunta y la que más importa.