Montar una tienda online es hoy más barato y más rápido que nunca. Hacer que venda sigue costando lo mismo: trabajo. Antes de hablar de plataformas, plantillas o pasarelas de pago, estas son las siete preguntas que hacemos a quien nos pide presupuesto. Las respuestas deciden casi todo lo demás, y muchas veces ahorran una tienda que no hacía falta.
1. ¿A quién le vas a vender que no te compre ya?
Si tus clientes son los de siempre, del barrio o de la comarca, quizá lo que necesitas no es una tienda sino un catálogo con los precios y un WhatsApp para encargar. Una tienda online tiene sentido cuando hay gente que no puede llegar a tu mostrador: otra provincia, otro país, o tus propios clientes a las once de la noche. Ponle nombre a esa persona antes de seguir.
2. ¿Qué pasa cuando alguien compra?
Esta es la que casi nadie ha pensado. Llega un pedido un sábado a las nueve: ¿quién lo ve?, ¿quién lo prepara?, ¿con qué caja?, ¿quién lo lleva a la agencia?, ¿qué pasa si el producto se ha agotado en el mostrador físico esa misma mañana? La web es la parte fácil. El almacén, el embalaje y la mensajería son la tienda de verdad, y hay que tenerlos resueltos el día que se abre.
3. ¿Cuánto cuesta enviar, y quién lo paga?
Los gastos de envío son el motivo número uno de carritos abandonados. Pide tarifas reales a dos o tres agencias con tus pesos y tus destinos, y decide una política clara: gratis a partir de un importe, tarifa plana, o coste real. Lo que no funciona es descubrir el envío en el último paso. Y piensa en las devoluciones: en España el cliente tiene catorce días para desistir de una compra a distancia, y tienes que decirle cómo hacerlo.
4. ¿Tienes fotos y textos de cada producto?
Un producto sin buena foto no se vende, y una descripción copiada del proveedor no posiciona (la tienen otras cien tiendas). Calcula el tiempo: fotografiar, recortar, escribir un párrafo honesto y medir el producto lleva entre quince y treinta minutos por referencia. Con doscientas referencias son semanas. Es la parte del proyecto que más se subestima, y la que más diferencia una tienda que vende de una que solo existe.
5. ¿Cómo vas a cobrar?
Tarjeta a través de la pasarela de tu banco (en España, casi siempre Redsys), Bizum si tu banco lo ofrece para comercio, PayPal para quien vende fuera, y transferencia para pedidos grandes. Cada opción tiene una comisión y un plazo de abono; pregúntalos antes de elegir. Y en la tienda, los precios con IVA incluido para el consumidor final: es obligatorio y evita sorpresas.
6. ¿Quién va a traer a la gente?
Abrir la tienda no trae visitas; es como abrir un local en una calle sin paso. Alguien tiene que ocuparse del posicionamiento de las fichas de producto, de las campañas si las hay, de las redes, del boletín. Si la respuesta es «ya veremos», la tienda se abrirá y no pasará nada, y la conclusión equivocada será que «vender online no funciona».
7. ¿Qué pasa el mes que viene?
Una tienda online es un sistema vivo: actualizaciones de la plataforma, certificados que caducan, productos que cambian de precio, una pasarela que modifica su protocolo. Hay que decidir quién mantiene la tienda y cuánto cuesta. Nosotros lo decimos en el presupuesto, antes de empezar, porque es la pregunta que más disgustos evita después.
Si las siete tienen respuesta
Entonces sí: hablamos de plataforma, diseño, catálogo y plazos. Y si alguna no la tiene, también merece la pena hablar, porque a veces la respuesta correcta es empezar por algo más pequeño: un catálogo con reserva, una tienda con veinte productos en vez de doscientos, o vender primero por un canal que ya tengas. Lo importante es que la tienda, cuando llegue, nazca con el almacén, el envío y el tráfico resueltos. Así es como las hacemos.